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sábado, 27 de octubre de 2012

LAS CAMPANAS TOCAN POR NOSOTROS.

 ¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
   


Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
           
                                                                                     JOHN DONNE,  Londres (1572-1631)
 
El huracán Sandy, que en estos momentos se aleja de las costas cubanas, golpeó con toda su furia el oriente de la Isla, donde provocó la muerte de once personas, destruyó un número considerable de viviendas, anegó cultivos y afectó las fuentes de generación y transmisión de energía.
Fuente Cubadebate




martes, 16 de octubre de 2012

No me da miedo que pase el tiempo, si a que se olviden los recuerdos.

¡Memoria! Te gusta engañarnos.   

Por Oliver Goldsmith



Tomado de:


Introducción

El Alzheimer (al-SAI-mer) es una enfermedad cerebral que causa problemas con la memoria, la forma de pensar y el carácter o la manera de comportarse. Esta enfermedad no es una forma normal del envejecimiento.

Es la forma más común de la demencia

El Alzheimer es la forma más común de la demencia. Demencia es un término general para describir la pérdida de memoria y de otras habilidades intelectuales y es tan severa que interfiere con la vida cotidiana del individuo. El Alzheimer representa del 60 al 80 por ciento de los casos de la demencia.

Es más común de lo que usted piensa

Hoy en día, se estima que 5,4 millones de personas en los Estados Unidos tienen la enfermedad de Alzheimer. En el año 2050, el número de personas en los Estados Unidos con la enfermedad puede alcanzar a los 11-16 millones.
Debido a que un 70 por ciento de aquellas personas que padecen del Alzheimer viven en sus hogares, el impacto de esta enfermedad se extiende a millones de familiares, amigos y cuidadores.

Se empeora con el tiempo

El Alzheimer empeora al pasar el tiempo y es fatal. Aunque existen muchos síntomas, la mayoría de las personas experimentan pérdida de memoria severa que afecta las actividades diarias y la habilidad de gozar pasatiempos que la persona disfrutaba anteriormente.
Otros síntomas son confusión, desorientación en lugares conocidos, colocación de objetos fuera de lugar, y problemas con el habla y/o la escritura.

10 señales de advertencia de la enfermedad de Alzheimer:


Cambios de memoria que dificultan la vida cotidiana.
Cambios de memoria que dificultan la vida cotidiana
Una de las señales más comunes del Alzheimer, especialmente en las etapas tempranas, es olvidar información recién aprendida. También se olvidan fechas o eventos importantes; se pide la misma información repetidamente; se depende en sistemas de ayuda para la memoria (tales como notitas o dispositivos electrónicos) o en familiares para hacer las cosas que antes uno se hacía solo.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Olvidarse de vez en cuando de nombres o citas pero acordándose de ellos después.

Dificultad para planificar o resolver problemas.
Dificultad para planificar o resolver problemas.
Algunas personas experimentan cambios en su habilidad de desarrollar y seguir un plan o trabajar con números. Pueden tener dificultad en seguir una receta conocida o manejar las cuentas mensuales. Pueden tener problemas en concentrarse y les puede costar más tiempo hacer cosas ahora que antes.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Hacer errores de vez en cuando al sumar y restar.

Dificultad para desempeñar tareas habituales en la casa, en el trabajo o en su tiempo libre.
Dificultad para desempeñar tareas habituales en la casa, en el trabajo o en su tiempo libre.
A las personas que padecen del Alzheimer muy a menudo se les hace difícil completar tareas cotidianas. A veces pueden tener dificultad en llegar a un lugar conocido, administrar un presupuesto en el trabajo o recordar las reglas de un juego muy conocido.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Necesitar ayuda de vez en cuando para usar el microonda o grabar un programa de televisión.

Desorientación de tiempo o lugar.
Desorientación de tiempo o lugar.
A las personas con el mal de Alzheimer se les olvidan las fechas, estaciones y el paso del tiempo. Pueden tener dificultad en comprender algo si no está en proceso en ese instante. Es posible que se les olvide a veces dónde están y cómo llegaron allí.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Confundirse sobre el día de la semana pero darse cuenta después.

Dificultad para comprender imágenes visuales y cómo objetos se relacionan uno al otro en el ambiente.
Dificultad para comprender imágenes visuales y cómo objetos se relacionan uno al otro en el ambiente.
Para algunas personas, tener problemas de la vista es una señal del Alzheimer. Pueden tener problemas para leer, juzgar distancias y determinar color o contraste. Con respecto a la percepción, es posible que pasen por un espejo y piensen que alguien más está allí con ellos. Es posible que no reconozcan su propio reflejo en el espejo.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Cambios de la vista relacionados con las cataratas.

Nuevos problemas con el uso de palabras en el habla o lo escrito.
Nuevos problemas con el uso de palabras en el habla o lo escrito.
Los que padecen del Alzheimer pueden tener problemas en seguir o participar en una conversación. Es posible, también, que paren en medio de conversar sin idea de cómo seguir o que repitan mucho lo que dicen. Puede ser que luchen por encontrar las palabras correctas o el vocabulario apropiado o que llamen cosas por un nombre incorrecto (como llamar un "lápiz" un "palito para escribir").
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Tener dificultad a veces en encontrar la palabra exacta al hablar.

Colocación de objetos fuera de lugar y la falta de habilidad para retrazar sus pasos.
Colocación de objetos fuera de lugar y la falta de habilidad para retrazar sus pasos.
Una persona con el Alzheimer suele colocar cosas fuera de lugar. Se les puede perder cosas sin poder retrazar sus pasos para poder encontrarlas. A veces, es posible que acusen a los demás de robarles. Esto puede ocurrir más frecuentemente con el tiempo.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? De vez en cuando, colocar cosas (como los lentes o el control remoto) en un lugar equivocado.

Disminución o falta del buen juicio.
Disminución o falta del buen juicio.
Las personas que padecen del Alzheimer pueden experimentar cambios en el juicio o en tomar decisiones. Por ejemplo, es posible que regalen grandes cantidades de dinero a las personas que venden productos y servicios por teléfono. Puede ser que presten menos atención al aseo personal.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Tomar una mala decisión de vez en cuando.

Pérdida de iniciativa para tomar parte en el trabajo o en las actividades sociales.
Pérdida de iniciativa para tomar parte en el trabajo o en las actividades sociales.
Una persona con la enfermedad de Alzheimer puede empezar a perder la iniciativa para ejercer pasatiempos, actividades sociales, proyectos en el trabajo o deportes. Es posible que tengan dificultad en entender los hechos recientes de su equipo favorito o en cómo ejercer su pasatiempo favorito. También pueden evitar tomar parte en actividades sociales a causa de los cambios que han experimentado.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad?Estar a veces cansado de las obligaciones del trabajo, de familia y sociales.

Cambios en el humor o la personalidad.
Cambios en el humor o la personalidad.
El humor y la personalidad de las personas con el Alzheimer pueden cambiar. Pueden llegar a ser confundidas, sospechosas, deprimidas, temerosas o ansiosas. Se pueden enojar fácilmente en casa, en el trabajo, con amigos o en lugares donde están fuera de su ambiente.
¿Qué son cambios típicos relacionados con la edad? Desarrollar maneras muy específicas de hacer las cosas y enojarse cuando la rutina es interrumpida.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El 15, número fresco y admirable.

Cuba cierra Juegos Paralímpicos con resultados históricos


Cuba consiguió su mejor actuación histórica en citas paralímpicas, al conquistar nueve medallas de oro, cinco de plata y tres de bronce en los XIV Juegos Paralímpicos Londres 2012, donde terminó en el lugar 15.
Las dos últimas preseas cubanas llegaron este sábado, por intermedio de la velocista Yunidis Castillo y el nadador Leonardo Pérez, quienes ganaron la corona y el metal bronceado en los 400 metros T46 y los 100 metros libre S6, respectivamente.

Ynudis Castillo ganó los 400 metros, con récord mundial de 55,72 segundos, mientras Leonardo Pérez ganó el bronce en los 100 metros, con tiempo de 1:08.01

Cuba participó en la cita londinense con 24 atletas, repartidos en cinco deportes, con medallas en el atletismo, judo y natación, a los que se unen el tiro y el levantamiento de pesas.

El sitio oficial de los Juegos refleja que China ganó los juegos con 95 medallas de oro, 71 de plata y 65 de bronce, escoltada por Rusia (35-38-28) y Gran Bretaña (33-47-43).

(Redacción Deportiva de Rebelde)
MEDALLISTAS CUBANOS (9-5-3, Total: 17)

Por disciplinas:

Atletismo (7-4-0)

Judo        (2-0-2)

Natación (0-1-1)

Campeones:

Yunidis Castillo (100, 200 y 400 metros planos, T46)

Omara Durand (100 metros y 400 metros planos, T13)

Luis Felipe Gutiérrez (Salto largo, F13)

Leonardo Díaz (Lanzamiento del disco, F54, 55,56)

Jorge Hierrezuelo (Judo, 90 kilogramos)

Dalidaivis Rodríguez (Judo femenino, 63 kilogramos)

Plata:

Ángel Jiménez (Salto largo, F13)

Luis Felipe Gutiérrez (100 metros planos, T13)

Raciel González (100 y 200 metros planos, T46)

Lorenzo Pérez (Natación, 50 metros, estilo libre, S6)

Bronce:

Lorenzo Pérez (Natación, 100 metros, estilo libre, S6)

Isao Cruz (Judo, 81 kilogramos)

Yangaliny Jiménez (Judo, más de 100 kilogramos)
  

martes, 4 de septiembre de 2012

La verdad del Ruiseñor.


...Pasó un año, y emperador, corte y país conocían como cosa de sí mismos cada gorgeo, y vuelta del "pájaro continental"; y como que lo podían entender, lo declaraban magnífico ruiseñor. Cantaban su valse los cortesanos todos. Y los chicuelos de la calle. Y el emperador lo cantaba también, y lo bailaba, cuando estaba solo con su vino de arroz. Era un valse el imperio, que andaba a compás, con mucho orden, al gusto del maestro de música. Hasta que una noche, cuando estaba el pájaro en lo mejor del canto, y el emperador lo oía, tendido en su cama de randas y colgaduras, saltó un resorte de la máquina del ruiseñor, como huesos que se caen sonaron las ruedas, y paró la música. 
Se echó de la cama el emperador, y mandó llamar a un médico. El médico no supo que hacer; y vino el relojero. El relojero, mal que bien, puso las ruedas locas en su lugar, pero encargó que usasen del pájaro muy poco, porque estaban gastados los cilindros, y el ruiseñor aquel no podía en verdad cantar más de una vez al año. El maestro de música le echó encima un discurso al relojero, y le dijo traidor, y venal, chino espúreo, y espía de los tártaros, porque decía que el pájaro continental no podía cantar más que una vez. En la puerta iba ya el relojero, y todavía le estaba diciendo el maestro de música malas palabras: "¡traidor! ¡venal! ¡chino espúreo! ¡espía de los tártaros!" Porque estos maestros de música de las cortes no quieren que la gente honrada diga la verdad desagradable a sus amos.

Cinco años después había mucha tristeza en la China, porque estaba al morir el pobre emperador, tanto que tenían nombrado ya al nuevo, aunque el pueblo agradecido no quería oír hablar de él, y se aprestaba a preguntar por el enfermo a las puertas del mandarín, que los miraba de arriba a abajo, y decía: "¡Puh!". "¡Puh! repetía la pobre gente, y se iba a su casa llorando.

Pálido y frío estaba en su cama de randas y colgaduras el emperador, y los mandarines todos lo daban por muerto, y se pasaban el día dando las tres vueltas con los brazos abiertos, delante del que debía subir al trono. Comían muchas naranjas, y bebían té con limón. En los corredores habían puesto tapices, para que no sonara el paso. No se oía en el palacio sino un ruido de abejas.

Pero el emperador no estaba muerto todavía. Al lado de su cama estaba el pájaro roto. Por una ventana abierta entraba la luz de la luna sobre el pájaro roto, y el emperador mudo y lívido. Sintió el emperador un peso extraño sobre su pecho, y abrió los ojos para ver. Vio a la Muerte, sentada sobre su pecho. Tenía en las sienes su corona imperial, y en una mano su espada de mando, y en la otra mano su hermosa bandera. Y por entre las colgaduras vio asomar muchas cabezas raras, bellas unas y como con luz, otras feas y de color de fuego.
Eran las buenas y las malas acciones del emperador, que le estaban mirando a la cara. "¿Te acuerdas?" le decían las malas acciones. "¿Te acuerdas?" le decían las buenas acciones. "¡Yo no me acuerdo de nada, de nada!" decía el emperador: "¡música, música! ¡tráiganme la tambora mandarina, la que hace más ruido, para no oír lo que me dicen mis malas acciones!" Pero las acciones seguían diciendo: "¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas?" "¡Música, música!" gritaba el emperador; "¡oh, hermoso pájaro de oro, canta, te ruego que cantes ¡yo te he dado regalos ricos de oro! ¡yo te he colgado al cuello mi chinela de oro! ¡te ruego que cantes!" Pero el pájaro no cantaba. No había uno que supiera darle cuerda. No daba una sola nota.

Y la Muerte seguía mirando al emperador con sus ojos huecos y fríos, y en el cuarto había una calma espantosa, cuando de pronto entro por la ventana el son de una dulce música. Afuera, en la rama de un árbol, estaba cantando el ruiseñor vivo. Le habían dicho que estaba muy enfermo el emperador, y venía a cantarle de fe y de esperanza.
Y según iba cantando eran menos negras las sombras, y corría la sangre más caliente en las venas del emperador, y revivían sus carnes moribundas. La Muerte misma escuchaba, y le dijo: "¡Sigue, ruiseñor, sigue!" Y por un canto, le dio la Muerte la corona de oro; y por otro, la espada de mando; y por otro canto más, le dio la hermosa bandera...

-¡Gracias, gracias, pájaro celeste!-decía el emperador.-Yo te desterré de mi reino, y tú destierras a la muerte de mi corazón. ¿Como te puedo yo pagar?

-Tú me pagaste ya, emperador, cuando te hice llorar con mi canto; las lágrimas que arranca a las almas de los hombres son el único premio digno del pájaro cantor. Duerme. emperador, duerme; yo cantaré para ti.

Y con sus trinos y arpegios se fue durmiendo el enfermo en un sueño de salud. Cuando despertó, entraba el sol, como oro vivo, por la ventana. Ni uno sólo de sus criados, ni un solo mandarín, había venido a verlo. Lo creían muerto todos. El ruiseñor no más estaba junto a su cama; el ruiseñor, cantando.

-¡Siempre estarás junto a mi! ¡En el palacio vivirás, y cantarás cuando quieras! ¡Yo romperé al pájaro artificial en mil pedazos!

-No lo rompas en mil pedazos, emperador; el te sirvió bien mientras pudo; yo no puedo vivir en el palacio, ni fabricar entre los cortesanos mi nido. Yo vendré al árbol que cae a tu ventana, y te cantare en la noche, para que tengas sueños felices. Te cantare de los malos y de los buenos, y de los que gozan y de los que sufren. Los pescadores me esperan, emperador, en sus casas pobres de la orilla del mar. El ruiseñor no puede ser infiel a los pescadores. Yo te vendré a cantar en la noche, si me prometes una cosa.

-¡Todo te lo prometo! -dijo el emperador, que se había levantado de su cama, y tenía puesta la túnica imperial, y en la mano su gran espada de oro.

-¡No digas que tienes un pájaro amigo que te lo cuenta todo, porque le envenenarán el aire al pájaro! -Y salió volando el ruiseñor, y echando al aire un ramillete de arpegios.

Los mandarines entraron de repente en el cuarto, detrás del mandarín mayor, a ver al emperador muerto. Y lo vieron de pie, con su túnica imperial; con la mano de la espada puesta al corazón. Y se oía, como una risa, el canto del ruiseñor.

-¡Tsing-pé! ¡Tsing-pé! -dijo el gran mandarín, y dio dieciocho vueltas seguidas con los brazos abiertos, y se echó por tierra, con la frente a los pies del emperador. Y a los mandarines, arrodillados en el aire, les temblaba en la nuca la cola.

José Martí





Nos dormíamos con Andersen, con Martí crecimos.

Los dos ruiseñores
(Versión libre de un cuento de Andersen)
José Martí


                                                                  
En China vive la gente en millones, como si fuera una familia que no acabase de crecer, y no se gobiernan peor sí, como hacen los pueblos de hombres, sino que tienen de gobernante a un emperador, y creen que es hijo del cielo, porque nunca lo ven sino como si fuera el sol, con mucha luz por junto a él, y de oro el palanquín en que lo llevan, y los vestidos de oro. Pero los chinos están contentos con su emperador, que es un chino como ellos. ¡Lo triste es que el emperador venga de afuera, dicen los chinos, y nos coma nuestra comida, y nos mande matar porque queremos pensar y comer, y nos trate como a sus perros y como a sus lacayos! 
Y muy galán que era aquel emperador del cuento, que se metía de noche la barba larga en una bolsa de seda azul, para que no lo conocieran, y se iba por las casas de los chinos pobres, repartiendo sacos de arroz y pescado seco, y hablando con los viejos y los niños, y leyendo, en aquellos libros que empiezan por la última página, lo que Confucio dijo de los perezosos, que eran peor que el veneno de las culebras, y lo que dijo de los que aprenden de memoria sin preguntar por qué, que no son leones con alas de paloma, como debe el hombre ser, sino lechones flacos, con la cola de tirabuzón y las orejas caídas, que van donde el porquero les dice que vayan, comiendo y gruñendo. 
Y abrió escuelas de pintura, y de bordados, y de tallar la madera; y mandó poner preso al que gastase mucho en sus vestidos, y daba fiestas donde se entraba sin pagar, a oír las historias de las batallas y los cuentos hermosos de los poetas; y a los viejecitos los saludaba siempre como si fuesen padres suyos; y cuando los tártaros bravos entraron en China y quisieron mandar en la tierra, salió montado a caballo de su palacio de porcelana blanca y azul, y hasta que no echó al último tártaro de su tierra, no se bajó de la silla. 
Comía a caballo; bebía a caballo su vino de arroz; a caballo dormía. Y mandó por los pueblos unos pregoneros con trompetas muy largas, y detrás unos clérigos vestidos de blanco que iban diciendo así: "¡Cuando no hay libertad en la tierra, todo el inundo debe salir a buscarla a caballo!" 
...Hermosísimo era el palacio,... En los jardines había naranjos enanos, con más naranjas que hojas; y peceras con peces de amarillo y carmín, con cinto de oro; y unos rosales con rosas rojas y negras, que tenían cada una su campanilla de plata, y daban a la vez música y olor. Y allá al fondo había un bosque muy grande y hermoso, que daba al mar azul, y en un árbol de los del bosque vivía un ruiseñor, que les cantaba a los pobres pescadores canciones tan lindas, que se olvidaban de ir a pescar; y se les veía sonreír del gusto, o llorar de contento, y abrir los brazos, y tirar besos al aire, como si estuviesen locos. -¡Es mejor el vino de la canción que el vino del arroz!" decían los pescadores. Y las mujeres estaban contentas, porque cuando el ruiseñor cantaba, sus maridos y sus hijos no bebían tanto vino de arroz. Y se olvidaban del canto los pescadores cuando no lo oían; pero en cuanto lo volvían a oír, decían, abrazándose como hermanos: "Qué hermoso es el canto del ruiseñor!"

Venían de afuera muchos viajeros a ver el país; y luego escribían libros de muchas hojas, en que contaban la hermosura del palacio y el jardín, y lo de los naranjos, y lo de los peces, y lo de las rosas roji-negras; pero todos los libros decían que el ruiseñor era lo más maravilloso; y los poetas escribían versos al ruiseñor que vivía en un árbol del bosque, y cantaba a los pobres pescadores los cantos que les alegraban el corazón; hasta que el emperador vio los libros, ...
 "¿Qué ruiseñor es éste -dijo-, que yo nunca he oído hablar de él? ¡Parece que en los libros se aprende algo! ¡Y esta gente de mi palacio de porcelana, que me dice todos los días que yo no tengo nada que aprender!
 ¡Venga ahora mismo el mandarín mayor!" Y vino, saludando hasta el suelo, el mandarín mayor, con su túnica de seda azul celeste, de florones de oro.

-¡Levántate! ¿Qué pájaro es éste de que habla este libro, que dicen que es lo más hermoso de todo mi país?

-Nunca he oído hablar de él, nunca-dijo el mandarín, arrodillándose en el aire, y con los brazos cruzados;-no ha sido presentado en palacio.

-¡Pues en palacio ha de estar esta noche! ¿Que el mundo entero sabe mejor que yo lo que tengo en mi casa?

-Nunca he oído hablar de él, nunca-dijo el mandarín; dio tres vueltas redondas, con los brazos abiertos, se echo a los pies del emperador, con la frente en la estera, y salió de espaldas, con los brazos cruzados, y arrodillándose en el aire.

Y el mandarín empezó a preguntar a todo el palacio por el pájaro. Y el emperador mandaba a cada media hora a buscar al mandarín.

-Si esta noche no está aquí el pájaro, mandarín, sobre las cabezas de los' mandarines he de pasear esta noche.

¡Tsing-pé! ¡Tsing-pé! -salió diciendo el mandarín mayor, que iba dando vueltas, con los brazos abiertos, escaleras abajo. Y los mandarines todos se echaron a buscar al pájaro, para que no pasease a la noche sobre sus cabezas el emperador. Hasta que fueron a la cocina del palacio, donde estaban guisando pescado en salsa dulce, e inflando bollos de maíz, y pintando letras coloradas en los pasteles de carne; y allí les dijo una cocinerita, de color de aceituna y de ojos de almendra, que ella conocía el pájaro muy bien, porque de noche iba por el camino del bosque a llevar las sobras de la mesa a su madre que vivía junto al mar, y cuando se cansaba al volver, debajo del árbol del ruiseñor descansaba, y era como si le conversasen las estrellas cuando cantaba el ruiseñor, y como si su madre le estuviera dando un beso.

-¡Oh, virgen china!-le dijo el mandarín -¡digna y piadosa virgen!; en la cocina tendrás siempre empleo, y te concederé el privilegio de ver comer al emperador, si me llevas a donde el ruiseñor canta en el árbol, porque lo tengo que traer a palacio esta noche.

Y detrás de la cocinerita se pusieron a correr los mandarines, con las túnicas de seda cogidas por delante, y la cola del pelo bailándoles por la espalda; y se les iban cayendo los sombreros picudos.

Bramó una vaca, y dijo un mandarincito joven: -¡Oh, qué robusta voz! ¡qué pájaro magnífico! -Es una vaca que brama -dijo la cocinerita. 
Graznó una rana, y dijo el mandarincito:-¡Oh, qué hermosa canción, que suena con las campanillas!
-Es una rana que grazna-dijo la cocinerita. Y entonces rompió a cantar de veras el ruiseñor.

-¡Ese, -es es!-dijo la cocinerita, y les enseñó un pajarito, que cantaba en una rama.

-¡Ese!-dijo el mandarín mayor-nunca creí que fuera una persona tan diminuta y sencilla; ¡nunca lo creí! O será, mandarines amigos ¡sí, debe ser! que al verse por primera vez frente a nosotros los mandarines, ha cambiado de color.

-¡Lindo ruiseñor!-decía la cocinerita -el emperador desea oírte cantar esta noche.

-Y yo quiero cantar-contestó el ruiseñor, soltando al aire un ramillete de arpegios.

-¡Suena como las campanillas, como las campanillas de plata!-dijo el mandarincito.

-¡Lindo ruiseñor! a palacio tienes que venir, porque en palacio es donde está el emperador.

-A palacio iré, iré -cantó el ruiseñor, con un canto como un suspiro;-¡pero mi canto suena mejor en los árboles del bosque!

El emperador mandó poner el palacio de lujo; y resplandecían con la luz de los faroles de seda y de papel los suelos y las paredes; las rosas rojinegras estaban en los corredores y los atrios, y resonaban sin cesar, entre el bullicio del gentío,...
...Y el ruiseñor cantó tan dulcemente que le corrían en hilo las lágrimas al emperador; y los mandarines, de veras, lloraban; y el emperador quiso que le pusieran al ruiseñor al cuello su chinela de oro; pero el ruiseñor metió el pico en la pluma del pecho, y dijo "gracias" en un trino tan rico y vigoroso, que el emperador no lo mandó a matar porque no había querido colgarse la chinela. Y en su canto decía el ruiseñor: "No necesito la chinela de oro, ni el botón colorado, ni el birrete negro, porque ya tengo el premio más grande, que es hacer llorar a un emperador"...

...Y el ruiseñor tenía su caja real, con permiso para volar dos veces al día, y una en la noche. Doce criados de túnica amarilla lo sujetaban cuando salía a volar por doce hilos de seda. En la ciudad no se hablaba más que del canto, y en cuanto uno decía "rui..." el otro decía "...señor". Y Llamaba "ruiseñor" a los niños que nacían, pero ninguno cantó nunca una nota.

Un día recibió el emperador un paquete, que decía "El Ruiseñor" en la tapa, y creyó que era otro libro sobre el pájaro famoso; pero no era libro, sino un pájaro de metal que parecía vivo en su caja de oro, y por plumas tenía zafiros, diamantes y rubíes, y cantaba como el ruiseñor de verdad en cuanto le daban cuerda, moviendo la cola de oro y plata; llevaba al cuello una cinta con este letrero: "¡El ruiseñor del emperador de China es un aprendiz, junto al del emperador del Japón!"

-¡Hermoso pájaro es!-dijo toda la corte, y le pusieron el nombre de "gran pájaro internacional"; porque se usan estos nombres en China, pomposos y largos; pero cuando puso el emperador a cantar juntos al ruiseñor vivo y al artificial, no anduvo el canto bueno, porque el vivo cantaba como le nacía del corazón, sincero y libre, y el artificial cantaba a compás, y no salía del valse.

-¡A mi gusto! ¡esto es a mi gusto!-decía el maestro de música; y canto sólo el pájaro de las piedras, tan bien como el vivo. ¡Y luego, tan lleno de joyas que relumbraban, lo mismo que los brazaletes, y los joyeles, y los broches! Treinta y tres veces seguidas cantó la misma tonada sin cansarse, y el maestro de música y la corte lo hubieran oído con gusto una vez más, si no hubiese dicho el emperador que el vivo debía cantar algo. ¿El vivo? Lejos estaba, lejos de la corte y del maestro de música. Los vio entretenidos, y se les escapo por la ventana.

-¡Oh, pájaro desagradecido!-dijo el mandarín mayor, y dio tres vueltas redondas, y se cruzo de brazos.

-Pero mejor mil veces es este pájaro artificial -decía el maestro de música; porque con el pájaro vivo, nunca se sabe como va a ser el canto, y con éste, se está seguro de lo que va a ser; con éste todo está en orden, y se le puede explicar al pueblo las reglas de la música.
Y el emperador dio permiso para que el domingo sacase el maestro al pájaro a cantar delante del pueblo, que parecía muy contento, y alzaba el dedo y decía que sí con la cabeza; pero un pobre pescador dijo "que él había oído al ruiseñor del bosque, y que éste no era como aquél, porque le faltaba algo de adentro, que él no sabía lo que era". El emperador mando desterrar al ruiseñor vivo, y al otro de la caja se lo pusieron a la cabecera, en un cojín de seda, con muchos presentes de joyas y de argentería, y lo llamaban por título de corte "cantor de alcoba y pájaro continental, que mueve la cola como el emperador se la manda mover". Y el maestro de música se sintió tan feliz que escribió un libro de veinticinco tomos sobre el ruiseñor artificial, con muchos esdrújulos y palabras de extraña sabiduría; y la corte entera dijo que lo había leído y entendido, de miedo de que los tuviesen por gente fofa y de poca educación, y de que el emperador se pasease sobre sus cabezas.

Continuará...














domingo, 12 de agosto de 2012

El "16", un número bonito.

Tomado de la entrada
 "Con el corazón en la mano, el compromiso a la espalda y los bolsillos desocupados ".

Escrito una vez por Xiomy

Así van nuestros atletas por el mundo, nos colman de júbilo o de rabia, de ira o de gozo, pero así es su paso por el mundo.
Desde la pantalla los apreciamos distantes, inaccesibles, fibrosos y seguros, no sospechamos siquiera que desde la inmediatez nos aparezcan tangibles, humildes, joviales, tímidos, sensibles, incompletos, de carne y hueso.
Los encontramos en el ómnibus, en el agro, en la vía, en la Rampa.
Los tropezamos lo mismo comprando un cake que una cerveza , aceite de Girasol en un quiosco, o inmersos en cualquier “esquina caliente”, y hasta quizás, con un poco de suerte, bailando un exquisito casino en un caluroso cumpleaños.
-Esos si que la pasan bien, lo único que tienen que hacer es traer medallas y no virar con las manos vacías, para eso no les falta el buen beefsteak en el desayuno.
Tantas y tantas veces la misma coletilla…que casi me lo creí alguna que otra, si bien nunca lo supuse tan fácil.
Desde la década del 70 nos adaptamos a asumir a los deportistas del patio insertados en cualquier evento internacional, el himno de Perucho Figueredo marcaba eco en los atestados estadios y la bandera tricolor ondeaba enardecida a disímiles temperaturas del globo terráqueo.
Junto a sus victorias y derrotas, vertíamos lágrimas, derrochábamos jerga, acalorábamos las palmas y perdíamos las uñas. Eran nuestros verdaderos embajadores, fue nuestra mejor manera de decirle al mundo, ahí esta Cuba.
Se convirtieron de algún modo en nuestros ojos por ese universo heterogéneo, colorido, perfumado, de refinadas mujeres y creciente boga, pero convulso, peligroso, desafiante e inseguro, como apreciábamos diariamente en los noticieros nacionales informativos que cubrían las dos cadenas de televisión existentes.
Esos colosos salían al ruedo a enfrentarse con cualquier tipo de adversarios, por único talismán, sudor frío en la frente, vergüenza y valor en sus entrañas y colgado en su pecho, un gran corazón.
Desde 1900, que el esgrimista Ramón Fonst le arrancó cuatro preseas doradas a la Ciudad de las Luces, hasta Beijing 2008 ,se han reunido casi setenta fichas de este codiciado metal en nuestro medallero olímpico.
Pero no solo fue el multirecordado bloqueo material , con el que ya habiamos aprendido a convivir como un miembro más del núcleo familiar, la causa principal del debilitamiento paulatino del deporte cubano. El agresivo bloqueo mental interno y la desintegración del bloque socialista , que trajo aparejado la formación de nuevas repúblicas independientes ,marcaron pautas significativas en esta noble práctica.
El crecimiento desmedido del deporte profesional por encima del amateur situó a los nuestros en posición no solo desventajosa, también indecorosa.
Ya solo no serian barreras las modernas instalaciones de entrenamiento, la calidad de los alimentos o que se supere o no el tamaño de la “choza”, la marca del carro, o la dimensión de la piscina.
Ya no seria suficiente….al regreso te espera un Lada a la entrada de tu casa, Campeón.
Se han cansado de escuchar….les pagaremos a la llegada, y así el dinero se ingresa en el terruño, jeje.
Porque siempre aparecen “listos aprovechados”del sudor ajeno , barrigas llenas de hoteles seis estrellas y tres mil horas de vuelo, porque se les manipula su dinero, su tiempo libre, sus decisiones, expresiones, su sentido de libertad.
Muchos han decidido con gran dolor , despedirse del calor de su pueblo, decirle adiós a esa maravillosa aura que nunca volverán a acariciar , pero nunca es una palabra muy fuerte .
Dejar atrás el sentir de ese fervor limpio , pródigo y franco .
Será cruel prescindir de todo ello.Será áspero , pero preciso , será duro , pero inevitable .
Porque así marchan nuestros atletas por el mundo, como héroes niños, millonarios altruistas o magnánimos dioses.
A todos ellos, a los de casa y a los que ya no están , sirva  nuestro tributo.

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martes, 7 de agosto de 2012

Bien por Mijaín



Te tuteamos hace cuatro años en Beijing. Entonces te reconocí como un legítimo campeón.
Sencillo, corpulento. Joven y rudo. Tímido y risueño. Así te recuerdo.

Es por ello que me regocijan particularmente estas noticias.





LONDRES, 6 Ago. (EUROPA PRESS) -
   El cubano Mijaín López ganó este lunes el oro en los 120 kg de la lucha greco-romana en los Juegos Olímpicos de Londres, donde revalidó la corona conseguida hace cuatro años en Pekín.
   López, de 29 años, venció en el combate final por el oro al estonio Heiki Nabi, que se colgó la plata, y se consagró como el rey de la lucha clásica en su división. Cuba ganó así su tercer oro en Londres, cifra que supera la discreta demostración de Pekín cuando obtuvo sólo dos oros y ocupó el lugar 28 del medallero.
   El corpulento gladiador cubano, cuatro veces titular mundial (2005, 2007, 2009 y 2010), sobrepasó un duro escollo en la ronda de semifinales al superar al turco Riza Kayaalp, medalla de bronce, que lo había derrotado el pasado año en el Mundial de Estambul por el oro.
   López, tricampeón de los Panamericanos de Santo Domingo 2003, Río de Janeiro 2007 y Guadalajara 2011, venció en la capital china al ruso Khasan Baroev, quien resultó eliminado en la competición de Londres.

--RESULTADOS.

   1. Mijain Lopez Nunez (CUB).
   2. Heiki Nabi (EST).
   3. Riza Kayaalp (TUR).

miércoles, 25 de julio de 2012

Cuando me puse a pensar la razón me dio a elegir ...

...entre ser quien soy, o ir el ser ajeno a emprestar, mas me dije: si el copiar fuera ley, no nacería hombre alguno, pues haría lo que antes de él se ha hecho: Y dije, llamando al pecho, ¡Sé quien eres, alma mía!                                          

José Martí

Poema Domingo Triste de José Martí


Las campanas, el sol, el cielo claro
me llenan de tristeza, y en los ojos
llevo un dolor que el verso compasivo mira,
un rebelde dolor que el verso rompe
¡y es, oh mar, la gaviota pasajera
que rumbo a Cuba va sobre tus olas!
Vino a verme un amigo, y a mí mismo
me preguntó por mí; ya en mí no queda
más que un reflejo mío, como guarda
la sal del mar la concha de la orilla.
Cáscara soy de mí, que en tierra ajena
gira, a la voluntad del viento huraño,
vacía, sin fruta, desgarrada, rota.
Miro a los hombres como montes; miro
como paisajes de otro mundo, el bravo
codear, el mugir, el teatro ardiente
de la vida en mi torno: ni un gusano
es ya más infeliz: ¡suyo es el aire,
y el lodo en que muere es suyo!
Siento la coz de los caballos, siento
las ruedas de los carros; mis pedazos
palpo: ya no soy vivo: ¡ni lo era
cuando el barco fatal levó las anclas
que me arrancaron de la tierra mía!

José Martí