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sábado, 29 de mayo de 2010

Peregrinos somos, por Santiago andamos.



La historia de Cuba no gozara de tanto lujo sin la presencia de magnánimos hombres que pulieron la cruel realidad con su grandiosa existencia.
El 7 de diciembre de 1896, cayeron en combate el Lugarteniente General Antonio Maceo y su fiel ayudante, el Capitán Francisco Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo Gómez. Fueron sorprendidos por las tropas españolas al tratar de cortar  una de las alambradas y continuar su paso invasor.
Murió lejos de la provincia que lo vio nacer,   llegó heredando  de su padre Marcos la sangre venezolana libertadora , Mariana le aportó  la dominicana liberta  y  ambos ,el linaje guerrero  africano  de todos sus ancentros , pero  Maceo supo luchar contra el yugo invasor como cubano genuino, nacido en la manigua oriental.
La caída de ambos tuvo lugar en Punta Brava, hacienda de San Pedro, hoy  Municipiio de Bauta,  en la  provincia de la Habana, aunque sus cadáveres fueron enterrados secretamente por manos amigas, en la finca El Cacahual, situada en las alturas de Santiago de las Vegas.
Para 1900, se levantaría un complejo monumental que fue inaugurado el mismo día y el mismo mes de su muerte, y desde entonces, la amplia explanada  ha sido destino de múltiples peregrinaciones.
Declarado Monumento Nacional , es escena de innumerables desfiles , actos políticos , graduaciones militares y civiles , y tantas otras actividades como fiel homenaje a quien destacó tanto por su agudeza y brío en los combates como por sus convicciones políticas y pertinacia insurrecta .
Maceo no solo fue una figura clave en el movimiento independentista cubano de la segunda mitad del siglo XIX , se reconoce por su genial estrategia militar, pensamiento libertario, basado en el honor y la virtud. “Bautizado” por sus hombres como "El Titán de Bronce”, se cuenta que se recuperó de las más de 25 heridas de bala y arma blanca producidas por la guerra, ninguna de ellas afectó jamás su valor en el combate.
En el mismo sitio que reposan sus mortales restos, devorábamos suculentos bocados, como premio a la odisea de las establecidas caminatas de 30 y 62 kms, convocadas por allá por los 80.
Santiago y su Cacahual se convirtieron para entonces en el Oasis de nuestros más mimados pensamiemtos , fuente de anhelada tregua para unos y para otros más avispados, venerable destino final.
Allí enterré para siempre mis ligeras alpargatas de lienzo y yute, parapetadas a soportar mi peso y continuar la travesía hacia la remota Víbora. Allí también dije adiós a mis días de bachiller y daba la bienvenida a una enigmática etapa estudiantil.
A la sombra fresca de sus enmarañados arbustos ,  recreaba mi mente con los tantos ilustres Santiagos ,me detenía en  el heroico y hospitalario Santiago de Cuba , luego volaba  hasta el ortodoxo y conservador Santiago de Chile , para terminar, perdiéndome en las estrechas calles del  místico y religioso Santiago de Compostela, tan distante de mi , como sus nogales y castaños de nuestros plátanos y cañaverales.
Para entonces , ignoraba su  viejo y ya  bordado mito.
Apodados por el mismo Jesús como “Los Hijos del Trueno”, los hermanos Santiago y Juan eran sus fieles discípulos y fuente exuberante de carácter y decisión.
Santiago o “El Mayor”, caracterizado por su empuje colosal, no se amilana ni calcula consecuencias de sus nobles acciones, sus venas derrochan pasión y fuego. Fue Herodes quien procuró la orden de decapitarlo, convirtiéndose así en el primer apóstol en esparcir su sangre por Jesucristo.
Cuenta la leyenda que su cadáver fue robado y embarcado desde Palestina hasta Galicia, donde llegó a través de sus ricos afluentes , transportado luego por tierra hasta donde hoy es venerado. La plaza y Catedral de Santiago se han transformado por siglos en destino de peregrinos, fieles creyentes, ateos y agnósticos, que, movidos por la fe y su arrojo, han dejado huellas firmes en el devenir de la historia, quedando declarada para siempre la ruta jacobea como Patrimonio Universal de la Humanidad.
En Santiago de Compostela  conociste la luz un hermoso día primaveral , por sus explanadas  corriste y retozaste , en sus aldeas y pardas tierras creciste  hombre y niño , mezcla de olor a  rio ,  horreos y montañas  . Hoy , bajas por sus cerros cual sudoroso y cansado peregrino , tratas de reencontrarlo  , pero  entonces , lo descubres como exótica ciudad , para disfrutarlo ,entre asombrado y orgulloso , como tu  nativo y añorado pueblo.
Es por ese Santiago, tan distante de mis reales palmas,  que  ya te empeñas en acercar a mis recuerdos,  que esbozo este artículo.  Santiago de mis memorias, Santiago entre mis tormentos, como amasijo de titanes y estruendo, marchamos, unidos los dos , camino a la gloria.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una preciosa conexión.
Gracias de un peregrino que ya no camina solo.

Anónimo dijo...

Estimada Xiomara,

Ante todo , gracias por sus bellos artículos que me iluminan los días , ¿sabía usted que Santiago de las Vegas lleva como verdadero nombre Santiago de Compostela de Las Vegas ?
Un fiel admirador