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miércoles, 27 de julio de 2011

El precio de tu corazón.



 "Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar desde cero, porque el pasado se borra de un plumazo y a nadie le importa de dónde uno viene o qué ha hecho antes".
 Isabel Allende.
 

-Le pondremos por nombre  Hayat,  significa “Vida”.  - decidió su padre  cuando nació su novena hija.
Llegaba  al mundo atravesada, bajo los gritos y alaridos de una joven mujer , que contorsionaba entre  fuertes  retortijones que cuatro  diestras comadronas  no lograban apaciguar.
Trece largas horas de grasientos ungüentos, calientes toallas, de ir y venir , de  cuantiosas plegarias.  No quedaban ya  emplastos de hierbas y alheña para sofocar las fluentes hemorragias. Entonces,  muy lentamente emergió un pie, luego  otro, ocasión aprovechada por la experimentada  Bashira  para lograr desprender el cuerpecillo , que  cual incrustada hiedra  se aferraba a  las entrañas de  su ya débil madre , cuyo frágil corazón quedaría para  siempre  lastimado.
Para Bushra , que  apenas contaba  veinticinco años , Hayat  era  el resultado de un concertado matrimonio que había comenzado   catorce años antes y ya contaba en su haber cinco varones y tres hembras.
-Me casé con tu padre cuando cumplí once años, hija mía. El tenía   dieciocho, pero me supo esperar hasta  que me bajó la “regla”…tuve mucha suerte, porque  me “respetó” hasta entonces.
Sí que fue esa una bendición  comparada con el destino de otras niñas, que eran deshojadas  por ardientes esposos sin haber aún brotado a la pubertad.
No le gustaban las hembras  a su padre Abdul , pero esta niña que iba creciendo con  risos enmarañados y rebeldes , cabeza  soñadora y mirada penetrante, le infundía un  sentimiento  especial  y al mismo tiempo contradictorio por el que era capaz  lo mismo de repudiarse  , como correr  ante el mínimo daño que la acechara.
-Tus tres hermanas están honorablemente casadas  y tus torpes hermanos abandonaron los libros.  – le dijo a los catorce años...luego agregó,
-No tengo lujos que ofrecerte, pero  te pagaré estudios y con eso te podrás valer si algún día lo necesitas.
Fue así que estudió francés y asistió a clases de secretariado.
Tampoco escapó  del matrimonio, el Sadaq  que la familia de Jamil ofreció a sus padres  por esa  unión le aportaron parte del fino ajuar y algunas joyas necesarias para el día de la boda.
  Asistió a  la  celebración con diecinueve años y para honor suyo y de su familia, era virgen e inmaculada. Sentía terror solo de pensar  lo que fuera de ella de haberle ocurrido lo mismo que a su amiga Ximena, la que haciendo gala de su nombre se entregó a destiempo a un irresistible pasajero  valenciano. Luego, para poder casarla , la familia gastó en  secreto una auténtica  fortuna para enmendar el  himen perdido de la atolondrada muchacha.   
-! No vale como mujer , es estéril , fría como piedra y tiene  mal carácter!
Así  fue devuelta Hayat  a su casa materna tras cinco años de infelicidad. Su padre, avergonzado por una parte y aliviado por otro, consintió  el divorcio de su hija menor , no sin antes preguntarle.
-Hija mía, si quieres lo obligo a permanecer casado , pero solo si quieres.
Ella estaba feliz, y esta parte de la historia  me es fácil imaginarla  , porque , aunque no lo presencié, se que  no fue necesaria otra respuesta.
Siguieron años de prosperidad y trabajaba como eficiente secretaria. En su casa descubría día a día asombrosos parecidos a su progenitor, quien cada vez se acostumbraba más a vivir con su hija.
Por años había cuestionado su rara predilección por llevarse a la boca esas mezclas impropias de carne y comida. Sabía que era un insulto devorarlas juntas . Entonces se fijó en su padre, quien también  saltaba ese patrón.
-Pero si es que te pareces a mi.  – le dijo en tosca complicidad
-Sí, será que ahora yo me parezco a tí y no tú a mi.  -respondió sereno.
Mientras, el corazón de Bursha daba sus últimos bombeos. Su cuerpo, que antes fuera el de una hembra deseada , se reducía en grosor y tamaño.
-Hará falta un marcapasos de “oro”- dijeron los médicos, de lo contrario morirá.
Más de un millón y medio de dírham se necesitarían y Bursha sería intervenida  sin dilación alguna.
-No vendas tus tierras-    así  aconsejaban los amigos de Abdul.
-Piensa Abdul . Si  muere en la operación, perderás todo tu dinero. De lo contrario, podrás desposar a  una mujer más joven.
Entonces Hayat reaccionó como  ninguno de sus ocho hermanos fueron  capaces  de hacerlo.
-Padre , si te quedas en la ruina por  pagar la cirugía , yo te ayudaré.
Si ella muere durante el proceso, igual  te protegeré. No dejaré que pases hambre como tampoco tú lo permitiste con nosotros.
Pero si mi madre muere por tu mezquindad, escucha bien,  no te lo voy a perdonar y por  siempre te retiraré  mi palabra.
Toda esa  noche lloró Abdul.  Aún no se habían despertado los presumidos gallos cuando partió rumbo a la gran ciudad.

Hace doce años Hayat se vino a España. Dos de ellos necesarios para pagar sus deudas de viaje.
Hace  mucho que sus padres viven tranquilos. Ella les envía mensualmente suficiente  remesa para que no les  falte  pan ni medicinas.
Si que ha trabajado duro Hayat , ha aprendido costumbres nuevas que trata de ahogar cuando vuelve a su patria y visita a  su familia.
-Porque ellos no encuentran bien que olvide mis antiguos modales en la mesa, pero ahora  mismo no recuerdo  que se dice  cuando quedamos satisfechos con una buena  comida.
Si que trabaja duro Hayat , hasta ha aprendido idiomas nuevos, los que habla bajo otro nombre.
Sonríe cuando piensa en sus padres visitando  la plaza vieja , comprando un pez grande y vivo,  gracias al  dinero que tanto gusto le proporciona envíar.
Pero sonrie también con picardía de niña traviesa cuando repasa su mente y encuentra entre sus memorias que tampoco ha olvidado su fino francés.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Ay, el cuarto mandamiento!
te ha quedado muy lindo

Fermina dijo...

Muy linda historia!
Que bueno que estes de vuelta.
Saludos,

Fango dijo...

Poema Migración de Pablo Neruda



TODO el día una línea y otra línea,
un escuadrón de plumas,
un navío
palpitaba en el aire,
atravesaba
el pequeño infinito
de la ventana desde donde busco,
interrogo, trabajo, acecho, aguardo.

La torre de la arena
y el espacio marino
se unen allí, resuelven
el canto, el movimiento.

Encima se abre el cielo.

Entonces así fue: rectas, agudas,
palpitantes, pasaron
hacia dónde? Hacia el Norte, hacia el Oeste,
hacia la claridad,
hacía la estrella,
hacia el peñón de soledad y sal
donde el mar desbarata sus relojes.

Era un ángulo de aves
dirigidas
aquella latitud de hierro y nieve
que avanzaba
sin tregua
en su camino rectilíneo:
era la devorante rectitud
de una flecha evidente,
los números del cielo que viajaban
a procrear formados
por imperioso amor y geometría.

Yo me empeñé en mirar hasta perder
los ojos y no he visto
sino el orden del vuelo,
la multitud del ala contra el viento:
vi la serenidad multiplicada
por aquel hemisferio transparente
cruzado por la oscura decisión
de aquellas aves en el firmamento.

No vi sino el camino.

Todo siguió celeste.

Pero en la muchedumbre de las aves
rectas a su destino
una bandada y otra dibujaban
victorias
triangulares
unidas por la voz de un solo vuelo,
por la unidad del fuego,
por la sangre,
por la sed, por el hambre,
por el frío,
por el precario día que lloraba
antes de ser tragado por la noche,
por la erótica urgencia de la vida:
la unidad de los pájaros
volaba
hacia las desdentadas costas negras,
peñascos muertos, islas amarillas,
donde el sol dura más que su jornada
y en el cálido mar se desarrolla
el pabellón plural de las sardinas.

En la piedra asaltada
por los pájaros
se adelantó el secreto:
piedra, humedad, estiércol, soledad,
fermentarán y bajo el sol sangriento
nacerán arenosas criaturas
que alguna vez regresarán volando
hacia la huracanada luz del frío,
hacia los pies antárticos de Chile.

Ahora cruzan, pueblan la distancia
moviendo apenas en la luz las alas
como si en un latido las unieran,

vuelan sin desprenderse

del cuerpo

migratorio

que en tierra se divide
y se dispersa.

Sobre el agua, en el aire,
el ave innumerable va volando,
la embarcación es una,
la nave transparente
construye la unidad con tantas alas,
con tantos ojos hacia el mar abiertos
que es una sola paz la que atraviesa
y sólo un ala inmensa se desplaza.

Ave del mar, espuma migratoria,
ala del Sur, del Norte, ala de ola,
racimo desplegado por el vuelo,
multiplicado corazón hambriento,
llegarás, ave grande, a desgranar
el collar de los huevos delicados
que empolla el viento y nutren las arenas
hasta que un nuevo vuelo multiplica
otra vez vida, muerte, desarrollo,
gritos mojados, caluroso estiércol,
y otra vez a nacer, a partir, lejos
del páramo y hacia otro páramo.

Lejos
de aquel silencio, huid, aves del frío
hacia un vasto silencio rocalloso
y desde el nido hasta el errante número,
flechas del mar, dejadme
la húmeda gloria del transcurso,
la permanencia insigne de las plumas
que nacen, mueren, duran y palpitan
creando pez a pez su larga espada,
crueldad contra crueldad la propia luz
y a contraviento y contramar, la vida.