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viernes, 22 de octubre de 2010

Apasionados si, anárquicos un poco, exagerados ni te cuento……..y para cerrar la cuenta……¿Nos pones una pizquita de clase?



La culpa la tuvo ese maldito fatalismo geográfico y el prolongado espacio vistiendo y oliendo  lo mismo, pensando y cocinando lo mismo.
¡Contra!,  me atrevería hasta  afirmar que cagábamos lo mismo.
Pasamos por los  kikos plásticos y las botas rusas  para  llegar a las distinguidas camisas Yumury.
Respirábamos  sofocantes fragancias de un “Moscú Rojo”  en plena Habana ardiente, mientras otros con menos suerte, lograban salir de un algún "Camello " o metrobús , liados a un escandaloso  aroma “Siete Potencias”;  y acuñados  con lápiz labial Ilusión.
¿Quién no disfrutó  la agonía de una cola  interminable en el Coppelia , para luego  terminar  degustando  un  solo sabor de helado?
Pero que importaba si era de fresa o coco , si  como  buenos isleños  crecimos  convencidos de  tener el mejor helado del mundo .
A falta de París nos conformamos con La Rampa y  por Tiramissu  entendíamos el agridulce sabor de las "cajitas de cumpleaños". 
De azules, verdes y morados engalanaban nuestros calcados modelos de uniformes, y como único camafeo en la garganta, adoctrinadas consignas e insípidos slogans.
Recuerdo a Norman , aquel simpático muchachito  de mi grupo que  insistió  aquel matutino del 76  en  comunicar la muerte de la escritora Agatha Christie. Debo admitir que a los doce años desconocía  de quien se trataba la dama , a pesar de haber  visto para entonces en la pantalla varias versiones de sus obras. 
Nada, burradas mías.
Pero si no olvido que ese mes perdimos la emulación, a pesar de lo mucho que nos esforzamos en cosechar tabaco, coleccionar  trabajos voluntarios y sacar buenas notas.
Para entonces nos quedó muy  claro... Esa no era una noticia importante.
-¡Rompe el maldito papel, que me desesperas!   -Creo adivinar  en tus ojos cada vez que me obsequias un regalo y yo consagro horas en abrirlo.
Pero no  soy capáz, a través de mi subconsciente me llega una imperiosa orden de conservarlo.
-¡Ni se te ocurra rasgaaarlo! Guáaardalo para otra ocasión, mira que después no tienes máaas. 
Y continúa la voz.
-¿Y qué harás cuando llegue el día del  maestrooo? Recuerda que son como sieeeete.    
El eco me susurra insistente en mi oído.
Al final gana Pepito el grillo  y concluyo extrayendo intacto el fino papel que sin duda terminará pronto  confundido en la basura. Por suerte para los míos,  me mantengo aún distante  de parecerme al Misógenes ese del cual se habla tanto por estos tiempos.
¡No tienes! , ¡No tendrás! , ¡Se acabará pronto!
No hay neuro-marqueting que se resista al paso de estas tres palabras.  Yo le pondría otro nombre Acaparatodomanía, esa sensación que nos ha atrapado para el resto de nuestra existencia por doquiera que nos encontremos.
¿Cómo le explico a mi profesora de mercado lo mucho que cuesta no perderme entre  tanto disfraz material, verbal y visual necesitado para promover productos tan parecidos y con idénticas funciones?
 O lo tomas o lo dejas. Ese ha sido nuestro sello distintivo todos estos años allá de donde yo vengo.
Claro , no pienses que irás más lejos…y agrego una frase magistral que me encanta  desde que la  escuché a un excelente  grupo humorístico coterráneo.
Somos un país del tercer mundo… pero eso sí,... con muchas aspiraciones de pasar al cuarto algún día.
Hace años en clases de inglés me enseñaron que había dos formas de pedir café, Black Coffee , si pretendías tomar solo café  y Coffee , si  fuese con leche.
-¡Mira tú qué fácil!  –pensé entonces con ilusión.
Pero con el marketing la cosa se nos ha complicado. 
Ahora llegó el café descafeinado, en máquina, colado, cortado, café solo, grande o el normal, con leche o con nata, con helado, hasta café con hielo, con ron y al carajillo ,capuchino; ....y a este agregarle todas las variantes anteriores, incluyendo por supuesto azúcar o sacarina.
-Las necesidades se crean y  elaboran y luego la vamos incorporando y condicionándolas.
Escuché algo así recientemente.
Uhhff... ¡Si mi abuelo Domingo viviera!  No tengo que imaginar que diría él con tanto cafeteo y refinamiento.
Tengo una sed inmensa de algo bien frío. Ya sé, pediré un refresco de limón , ¿pero cuál?
Una coca-cola.  –Mientras espero, me sum