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martes, 28 de septiembre de 2010

Las mejores empanadas del mundo.



La señora Ondina era de esas pocas mujeres que podrían cocinar piedras y mantener al   vecindario revuelto con su buen olor.
Su seguridad en ese espacio animado de la casa era tan corriente como verla desternillarse de risa a cada momento, mientras su hija más pequeña vigilaba el regocijo saltarín de las finas venas de su cuello.
Tan cabales eran sus guisos y asados, como dulzones los frijoles negros de las concurridas noches de los treinta y uno.
Humm…Todavía me llega el humo de aquellas natillas caseras, y qué decir de las peleas por atrapar la raspa del final de la cazuela.
Las masas de puerco fritas o el congrí desgranado me colman el olfato y la boca a pesar del implacable tiempo y del tan usado y abusado paladar. Como eco de recién  zumo de limón criollo, aún me exprimen la garganta.
Su pronta partida no le dejó tiempo para legarme su arte.
Por más de diez años me abandoné a otros aromas y sabores por escape al sufrimiento. Una incipiente juventud me negaba ver la vida tal cual es a través de los  cristales del desconsuelo.
Por siglos odié la cocina, donde solo anidaba para fregar los platos y abrillantar el azulejo.
No fue hasta una tarde de cumpleaños en la oficina, que, entre ensaladas y croquetas, llegó Elvirita con sus calientes empanadillas, bastó para mí un mero vistazo y entender su sabor.
Si, definitivamente tendrían que ser ellas, algo más pequeñas, pero igual en color y textura a las que adornaron mi niñez y atestaban de blanca harina la formica del comedor. 
A través de mis pupilas llegaron a mi mente aquellas tardes como fino reflector. Enfoqué mujeres con rodillos y botellas vacías extendiendo la fécula de trigo, mientras niños alborotados como moscas intentábamos en vano atajar una masa recién frita antes de llegar a la custodiada olla.
De guayaba, picadillo o de queso, todas por igual sabrosas. Todas por igual olvidadas.
-¿De donde sacaste la receta?
-Niña, es muy fácil. Antes de irnos te la copio.
Así lo cumplió.
Comenzó entonces en mi casa un eterno desfile dominguero de empanadas y con ellos, parte de mi auto descubrimiento.
Mi padre fue lentamente cediendo terreno a devenidos arroces multicolores, potajes saturados y cremas inventadas.
Surgió de esta forma  nuestra división culinaria administrativa.
Un departamento sería comida clásica estilo Ramón, y cualquier otra cosa que se pudiera admitir en la boca, …ese sería mi fuerte.
No conseguí sin embargo evitar que “papá” se nos fuera, llevándose con él entre muchos otros secretos , la fórmula de su “Pulpo Imbatible”.
Si existiera un sello familiar, no dudaría en así apodarlo. Y si no, preguntarle a mis compañeras del pre-universitario, claro está, a las que quedan con buena memoria.  
Mucho he caminado, pero no logro encontrar su receta. Por suerte para mí y por buena boca que soy, me gusta este octópodo como  me lo pongan , excepto vivo;… al menos por ahora.
Y como no soy para nada tacaña de conocimientos, ahí les va algo cercano a una traza para que intenten revivir experiencias pasadas. A lo mejor a algunos  conduzca por caminos insólitos y queden para siempre atrapados en la condimentada telaraña culinaria.
Sobre todo tengan mucha fe, porque siempre aparecerá ese alguien  que saboree  complaciente y agradezca su comida.  Tal como mi hijo a sus cuatro años exclamara inocente a sus amiguitos del Círculo Infantil...
! Mi mamá hace las empanadas más ricas del mundo!
  

Empanadas CaSeRaS

Grado de Dificultad: Depende del estado de ánimo y de inteligencia del día.

1-Harina de Trigo: Medida: Taza grande de café con leche.
2-Dos cucharaditas de azúcar blanca.(si las desea dulces)
3-Media cucharadita de sal
4-Vino seco ó de cocina: Medida: taza cubana de café
5-Aceite vegetal: Medida Taza cubana de café.
6-porciones pequeñas de barra de guayaba, membrillo, queso, chorizo o simulacro, picadillo, atún, o lo que más le guste.
7-Más harina para cubrir la mesa.
8-Rodillo o botella, según el gusto.

Preparación:

Amase todo el conglomerado y déjelo reposar al menos una hora, forme bolitas las que luego aplanará con el rodillo o botella, colocando en el centro la porción seleccionada, las que también puede combinar si así lo prefiere. No se olvide de cubrir la superficie con harina para que no se pegue la masa.
Doble la masa y continúe aplanando el resto hasta hacer una pestaña delgada si opta por chivirico o más gruesa si elige el tipo clásico.
Con un tenedor o cuchillo de mesa inserte pliegues o agujeros en la pestaña para darle forma apetitosa.
Fría en una sartén o freidora con el aceite bien caliente, cuidando siempre que no se quemen ellas…ni usted tampoco.
Sacar, colocar en un recipiente con tapa.
Y listas.

Ah…No se olviden de guardarme algo.